Configura actividades que no requieran nombres reales ni correos personales. Usa identificadores temporales que se renuevan semanalmente. Evita subir imágenes de rostros sin permisos explícitos. La IA puede procesar texto localmente o con metadatos reducidos. Documenta qué se guarda, por cuánto tiempo y con qué fin. Un instituto en Valencia logró plena adopción al publicar una hoja simple de prácticas seguras. Comparte tus formatos de consentimiento y listas de verificación para fortalecer confianza comunitaria.
Envía una carta clara explicando beneficios, límites y ejemplos de actividades de cinco minutos. Invita a familias a una demostración breve para vivir la experiencia y formular preguntas. Publica un calendario de revisión de herramientas y criterios de selección. Ofrece una vía para optar por alternativas equivalentes. Un centro en Bilbao incrementó el apoyo familiar tras sesiones abiertas de veinte minutos. Mantén el diálogo vivo con boletines mensuales que incluyan aprendizajes, retos y próximos pasos compartidos.
Define reglas sobre qué imágenes se pueden generar, cómo citarlas y cuándo evitar estereotipos. Para voz, usa avatares neutros y declara que la síntesis no reemplaza personas. Promueve análisis crítico de representaciones. Si detectas sesgos, pide a la IA una revisión explicitando criterios de equidad. Un taller en Córdoba construyó un catálogo de ejemplos inclusivos para reutilizar. Comparte enlaces a bancos abiertos y guías breves que ayuden a sostener prácticas visuales y sonoras cuidadosas.
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